Antonio de Gimbernat y Arbós (1734-1816)

Antonio de Gimbernat y Arbós (1734-1816) Fue discípulo y continuador de Virgili. Nace en Cambrils (Tarragona), donde fue bautizado el 15 de febrero de 1734. Hijo de campesinos, estudia Filosofía en la Universidad de Cervera. A los veintidós años ingresa en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz; es nombrado interno sin tener que opositar. Para la anatomía y la disección tiene buena mano, por lo que Virgili le encarga las demostraciones anatómicas aun sin tener el título, y en cuanto se gradúa lo traslada a Barcelona para explicar anatomía en el nuevo Colegio (su mesa de disección preside hoy el anfiteatro del Real Colegio, hoy Academia de Medicina). Allí, en el curso de 1768, demostró por primera vez la disposición de las fibras del arco crural, haciendo comprender la importancia y utilidad del descubrimiento para la operación de la hernia crural, que cuatro años más tarde practicaba con éxito completo en dos enfermos con hernias estranguladas. Había disecado por aquel entonces 32 cadáveres, cifra fabulosa en la España de la época. En 1774, cuando tenía cuarenta años de edad y doce de profesorado, el Gobierno lo manda al extranjero, junto con Mariano Ribas, para estudiar y perfeccionar métodos quirúrgicos modernos, pues existe el propósito de crear un colegio de cirujanos en Madrid, que más tarde sería realidad. El viaje duró cuatro años, y se desarrolló en las ciudades de París (donde conoció a Petit y Desault), Londres, Edimburgo, en Holanda, etc.

Gimbernat oleo de Pinto CondoyEn Londres, en 1777, el famoso John Hunter explicaba un curso de Anatomía; el 25 de abril de ese año trataba sobre la hernia crural, hablando de los grandes riesgos que tenía la intervención por la proximidad de los vasos y la necesidad de seccionar siempre el ligamento inguinal. Asistía Gimbernat a la clase y, con su permiso, pudo exponer el resultado de sus trabajos y de su procedimiento, utilizando la misma pieza anatómica seca y bien disecada que había servido para la lección. «Fue grande mi satisfacción -dice Gimbernatal ver que, concluida mi demostración, respondió el propio Hunter: You are right, Sir ('Señor, usted tiene razón'), añadiendo: «Lo haré público en mis lecciones, y así lo practicaré cuando tenga ocasión de operar en el vivo». Este sencillo episodio (seguimos a Escribano y García del Real) decidió la inmortalidad de Gimbernat, pues Hunter, cumpliendo sus nobles palabras, dio ocasión en escritos y conferencias a que el mundo supiera de los trabajos del modesto español, desconocido hasta entonces y quizá perpetuamente ignorado de los extraños (y hasta de los propios), sin la notoriedad y el inmenso prestigio del gran cirujano inglés. Tenemos que hacer una mención especial a la publicación en 1793 del pequeño libro Nuevo método de operar la hernia crural (del que mostramos algún fragmento) con un apéndice y varias láminas. En el delicioso libro destaca tanto el anatomista como el cirujano, y es muy curioso porque, como veremos, descubre además otras estructuras; en él describe de un modo preciso y detallado el arco crural, con el doblez o pliegue de su extremidad interna y su atadura a la cresta del pubis, que es lo que hoy conocemos como ligamento de Gimbernat.

También expone muy claramente los vasos espermáticos, el cordón espermático, el anillo crural, el ganglio linfático singular, es decir, toda la región que debería nombrarse de Gimbernat. Un dato muy curioso y que defendemos desde aquí, junto con el historiador de la medicina español y catedrático de patología García del Real: el «ganglio singular», que los franceses llaman de Cloquet y los alemanes de Rosenmüller, fue descrito y demostrado por Gimbernat mucho antes en sus lecciones de 1768 y expuesto, como se ha dicho, a Hunter en 1775, describiéndolo con todo detalle en su libro de 1793. Cloquet nació en 1787 y a los siete años de edad no pudo describir nada anatómico; cuando él nació hacía diecinueve años que lo había descrito Gimbernat y doce desde que lo expuso a Hunter. Lo mismo sucede con Rosenmüller, nacido en 1771.

Gimbernat (grabado)Gimbernat aconseja seccionar el ligamento que lleva su nombre en la hernia estrangulada en lugar de la incisión del ligamento inguinal hacia arriba que podía producir hemorragias (al seccionar los vasos epigástricos, sobre todo, si discurrían de forma anormal).

Además Gimbernat tiene predilección por la oftalmología; opera en tres años de cataratas a cuarenta y siete pacientes, devolviendo la vista a cuarenta y uno. Inventa un separador de párpados y publica un trabajo sobre úlceras corneales. Es nombrado en 1789 cirujano de cámara y asiste el parto de la reina María Cristina, que tuvo a la infanta María de la O Isabel. Durante veintitrés años es el mejor, el más influyente en la cirugía española.
Gimbernat va perdiendo la vista: tiene cataratas. Se las ingenia para leer con un papel enrollado que concentraba la luz. Por fin lo opera Rives, uno de sus alumnos, pero aquella misma noche se quita el vendaje y queda ciego. Ya solo le queda la resisgnación y la vida de los grandes longevos. Muere a los ochenta y dos años, después de haber visto muchas cosas: nace en el segundo reinado de Felipe V, vio pasar los de Fernando VI, Carlos IV, la Guerra de la Independencia con el efímero José I y, por último, los primeros años del reinado de Fernando VII. ¡Antonio de Gimbernat y Arbós, cuyas manos devolvieron la vista a tantos ojos, ha de morir ciego!

Su hijo publicó una sucinta biografía en Barcelona en 1828. Hay algunos ejemplares en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid.

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