Resumen / Abstract
En cirugía, como en otras ramas de la medicina, cuando se parte de un error, se llega indefectiblemente a otro error. Dicho en otras palabras, cuando se interpreta mal la anatomía y la fisiología, no se está en condiciones de evaluar y de realizar una técnica quirúrgica determinada. Un claro ejemplo de ello surge del artículo publicado en la , en el que los autores describen y grafican erróneamente la vaina de los rectos y la línea de Spieguel-Casseri1; o las apreciaciones de Deeken, que también grafica mal la vaina de los rectos en su publicación reciente2.Esto lleva a hacer evaluaciones erróneas sobre la eficacia de las técnicas quirúrgicas y, más concretamente, de la posterior separación de componentes (SCP). A lo largo de los años, muchos autores brindaron su aporte a la difícil solución de los grandes y complejos defectos de la pared abdominal. Su reparación lleva implícito el cierre del defecto, la medialización de los músculos rectos y, en la medida de lo posible, la preservación de la capacidad de contención del músculo transverso. En ese sentido, ha pasado ya más de medio siglo desde la gran contribución de Albanese a la cirugía general y de las paredes abdominales en particular. Basado en la gran retracción que sufren los músculos oblicuos, en los grandes defectos de la pared anterior, este autor describe la remodelación músculo-aponeurótica, usando como táctica quirúrgica incisiones musculares a distancia para liberar a los músculos rectos de la «tiranía de los oblicuos». Este proceder permite el cierre de la línea media […]