Resumen / Abstract
La respuesta a esta pregunta es, sin duda, sí, pero hay que matizar la respuesta, no puede contestarse con ese simple sí. La elaboración de guías de práctica clínica (GPC) es necesaria, ya que existe una gran variabilidad en la práctica clínica, incluso en comunidades geográficamente próximas, no explicables solo por las diferencias en las características de los pacientes o por sus propias preferencias. Esta variabilidad solo estaría justificada en determinados puntos del manejo de nuestros pacientes en los que la evidencia científica es débil. Sin embargo, no tiene sentido cuando las evidencias son claras y contundentes. Estas guías, que se redactan por expertos o sociedades científicas, nos aportan recomendaciones para decidir sobre la atención sanitaria más apropiada en circunstancias clínicas concretas. La forma en la que se estructuran es la de un resumen que facilita la práctica y hace que no sea necesario que busquemos para cada uno de los apartados la evidencia disponible en la literatura. Se nos pone, por tanto, a nuestra disposición lo mejor de los estudios e investigaciones para que, junto a nuestra experiencia profesional, podamos utilizarlo según la disponibilidad de medios y las condiciones y circunstancias que rodean al paciente que vamos a atender, por lo que no puede criticarse a ningún cirujano por no seguir estrictamente sus recomendaciones. Para conocer la realidad del manejo de la patología analizada en la GPC deben realizarse encuestas entre los cirujanos. Existen, básicamente, tres métodos para realizar guías: los métodos basados en la evidencia, la opinión de los expertos y los métodos de consenso. La mejor GPC es aquella que se fundamenta en la cirugía basada en la evidencia1,2 e incorpora los otros dos métodos3. Las GPC basadas en la evidencia organizan la información válida y útil, pero fragmentada, en torno a un problema clínico específico. P […]