Resumen / Abstract
Es innegable que el dolor como complicación secundaria a la reparación de un defecto herniario es la situación más frustrante para el cirujano y, sobre todo, decepcionante para el paciente, pues se trata de un factor incapacitante en su actividad cotidiana por sus repercusiones tanto periféricas como las que acompañan a la centralización del mismo con el paso del tiempo1. En general, la literatura nos muestra la información necesaria para hacer frente a los diversos escenarios por presentación o gravedad en lo concerniente a los defectos herniarios. Sin embargo, cuando se habla de dolor posoperatorio crónico, basta evaluar los foros de consenso y la misma literatura para darnos cuenta de su poca fiabilidad por su pobre metodología a la hora de agrupar casos, registrar información, presentarla y, sobre todo, la mala fundamentación y la total arbitrariedad de las conclusiones. Tal vez el elemento indispensable para tener información fiable en este tema debería enfocarse principalmente en los métodos diagnósticos para determinar a qué estamos enfrentándonos. Se habla de dolor neuropático sin hacer una valoración con electromiografía (aunque esta solo reporta trastornos de conducción, que no definen síntomas como anestesia, dolor o trastornos motores). Los métodos de imagen2 distan de ser concluyentes, dado que, en primera instancia, sabemos que el dolor no es visible. Así, tenemos estudios tomográficos, resonancias magnéticas o ultrasonidos que nos muestran grandes complejos inflamatorios posoperatorios en pacientes totalmente asintomáticos y, por el contrario, en aquellos altamente sintomáticos, estudios prácticamente normales. Por tanto, contamos con una gran cantidad de artículos y capítulos en libros y revistas relacionados con el tema en los que se agrupan pacientes con dolor neuropático y nocice […]