Resumen / Abstract
Con la aparición de la técnica libre de tensión de Lichtenstein en 1984 y su aplicación para cualquier tipo de hernia de la ingle, el uso del material protésico se ha expandido globalmente de tal modo que no se concibe ya una hernioplastia inguinal sin malla (1). Sin embargo, ocasionalmente y en casos muy particulares y aislados siguen ejecutándose hernioplastias inguinales utilizando los propios tejidos de los pacientes. Actualmente la técnica de Lichtenstein es la primera opción en la reparación de hernias inguinales en todo el mundo, condición lograda gracias a su sencillez de ejecución técnica, factibilidad de aplicarse a cualquier paciente, curva de aprendizaje relativamente corta, efectividad y eficiencia, así como a su reproducibilidad y bajo costo, coronada con la ventaja de que puede realizarse con anestesia local y ser manejada en forma ambulatoria. Otra ventaja que podemos sumar es que no invade el espacio preperitoneal de Bogros, conservándolo indemne e intacto para los casos que en el futuro pudieran requerir de cirugía vascular, prostatectomía radical, tratamientos para la disfunción eréctil, etc. Además, con la variante de extensión trapezoidal de la malla descrita por Celdrán, puede aplicarse también para la reparación de los defectos femorales. A pesar del desarrollo y de la profusión de los procedimientos endoscópicos transabdominales preperitoneales (TAPP), totalmente extraperitoneales (TEP) y totalmente extraperitoneales extendidos (eTEP) para reparar hernias de la región inguinal con todos los beneficios que se le atribuyen (efectividad, menor dolor, convalecencia corta, menor recurrencia, menos proclividad a la inguinodinia, posibilidad de diagnosticar otros defectos herniarios del orificio miopectíneo de Fruchaud, etc.), calificados con adjetivos como la reparación idónea, óptima, etc., por alguna razón […]